Campo.
La llanura pampeana, extendida como una continuación del Río de la Plata, resulta para la vista un paisaje monótono y poco atractivo, si lo comparamos con la diversidad de relieves, los bosques y lagos del sur precordillerano o la riqueza de la vegetación, los ríos y cascadas del litoral de nuestro país. Ese paisaje llano, inconmensurable, resulta un verdadero desafío para quienes lo intentan representar por medio de las artes visuales en una aproximación que se desprenda del lugar común, de la mirada sólo superficial y costumbrista.
En Campo, el ensayo que hoy presenta Gustavo Lozano, el abordaje es poco convencional. El autor lo transita con una cámara Holga, de plástico, muy elemental y parecida a las viejas cámaras de aficionado. Se ubica, de ese modo, en una posición opuesta a la del paisajista que busca acompañar su propuesta estética con un gran detalle en las texturas y una técnica fotográfica preciosista. La escasa calidad de la imagen producida por el lente, también de plástico, y la falta de cobertura en los ángulos del formato cuadrado, terminan de definir las características del tipo de imagen elegida por el autor. Las copias color de gran tamaño adquieren, de este modo, un carácter singular.
Lozano nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde pasó una parte de su infancia. Para él ese campo, sus caminos y los bordes de la ruta son elementos familiares. Tan familiares como los potreros llenos de cardos y abrojos en los que jugó de chico y en los que hoy encuentra imágenes en la última hora del día, con una amplia gama de colores. O los potreros, luego de la cosecha del maíz, que desmienten esa monotonía aburrida y enriquecen las texturas de la planicie y acortan la lejanía del horizonte.
"Entra y descansa, campo. Desensilla.
Deja de ser eterna lejanía"
Oliverio Girondo ("Campo Nuestro")
Juan Travnik
La llanura pampeana, extendida como una continuación del Río de la Plata, resulta para la vista un paisaje monótono y poco atractivo, si lo comparamos con la diversidad de relieves, los bosques y lagos del sur precordillerano o la riqueza de la vegetación, los ríos y cascadas del litoral de nuestro país. Ese paisaje llano, inconmensurable, resulta un verdadero desafío para quienes lo intentan representar por medio de las artes visuales en una aproximación que se desprenda del lugar común, de la mirada sólo superficial y costumbrista.
En Campo, el ensayo que hoy presenta Gustavo Lozano, el abordaje es poco convencional. El autor lo transita con una cámara Holga, de plástico, muy elemental y parecida a las viejas cámaras de aficionado. Se ubica, de ese modo, en una posición opuesta a la del paisajista que busca acompañar su propuesta estética con un gran detalle en las texturas y una técnica fotográfica preciosista. La escasa calidad de la imagen producida por el lente, también de plástico, y la falta de cobertura en los ángulos del formato cuadrado, terminan de definir las características del tipo de imagen elegida por el autor. Las copias color de gran tamaño adquieren, de este modo, un carácter singular.
Lozano nació en Concepción del Uruguay, Entre Ríos, donde pasó una parte de su infancia. Para él ese campo, sus caminos y los bordes de la ruta son elementos familiares. Tan familiares como los potreros llenos de cardos y abrojos en los que jugó de chico y en los que hoy encuentra imágenes en la última hora del día, con una amplia gama de colores. O los potreros, luego de la cosecha del maíz, que desmienten esa monotonía aburrida y enriquecen las texturas de la planicie y acortan la lejanía del horizonte.
"Entra y descansa, campo. Desensilla.
Deja de ser eterna lejanía"
Oliverio Girondo ("Campo Nuestro")
Juan Travnik

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